Tenía 6 años y me encontraba en un colegio de Jesuitas cursando 1º de E.G.B. No me costó mucho hacerme un par de amigos en clase al poco de llegar. Conocía a otros niños del parvulario, pero estaban en otras clases por culpa de sus apellidos. Y pese a nuestra corta edad, la pasión por el fútbol ya hacía mella en algunos chavalines. Quique era uno de ellos. Las colecciones de cromos, tan de capa caída hoy día, vivían su etapa dorada y era usual ver cómo muchos niños se intercambiaban los cromos preludio del Mundial ´82 que gratuitamente regalaba Danone al comprar sus productos lácteos. Pues bien, a Quique le faltaba varios cromos y uno era el de Maradona (por aquel entonces yo era un profano tanto del fútbol como de sus protagonistas). Pero casi 30 años después aún recuerdo aquella conversación en el patio. Era viernes por la tarde y Quique me dijo:

-Mira, ese niño tiene “repe” el cromo de Maradona.

-Pues pídeselo –le respondí yo-

-Sí, anda, majo. Fíjate qué pinta de bestia tiene. Seguro que me suelta un puñetazo. Pídeselo tú, anda.

El niño en cuestión se llamaba Jesús, estaba en nuestra clase y , efectivamente, tenía pinta de fornido. Por aquellos días los niños pasábamos los recreos pegándonos y pese a que desconocía su potencial animalismo, no tuve el valor para acercarme y pedirle el cromo. Pero hete aquí que esa tarde tocaba “lectura libre” y mi amigo Juanjo y yo poseíamos una auténtica colección de comics de superhéroes que llevábamos a clase para intercambiárnoslos durante el fin de semana. Como el trueque consistía en un buen tocho de tebeos y era imposible leérselos en una sola tarde, abastecíamos momentáneamente de material a casi toda la clase. Los niños se nos acercaban a lo largo de las dos horas a pedirnos cómics porque a Zipi-Zape y Mortadelo los tenían muy vistos. Fue en uno de esos instantes cuando Jesús se acercó hacia mi mesa:

-Oye, ¿me dejas ese tebeo?

El tebeo al que se refería era de Batman y era de Juanjo. Él se encontraba muy alejado, por lo que decidí aprovechar la situación y matar dos pájaros de un tiro.

– Bueno, pero si me das el cromo de Maradona.

Jesús accedió e intercambiamos. Ese mismo día Jesús y yo nos hicimos amigos y a Quique le di una alegría. Realizar aquel sencillo canje y ver cómo contentaba a dos chavales me hizo sentirme feliz y orgulloso. Mi primera gestión “empresarial” fue gracias a un cómic y a un “tal” Maradona.