Acabo de terminar de leerme el nuevo trabajo de Mauro Entrialgo. Y digo “trabajo” porque ojito que no es un cómic. “Los domingos” con 48 páginas de breves recuerdos de Mauro cuando era un crío aderezado de ilustraciones en lápices y acuarelas. Lo que no comprendo es de dónde sacan algunas críticas eso de que “Los domingos” está “en engañoso formato de libro de cuentos para niños”. Que el dibujo de portada parezca hecho por un niño, no significa que tenga que ir orientado a ese público (que se lo digan a Álvarez Rabo). A mí tras leerlo me ha quedado un sabor agridulce. Por un lado me ha gustado porque es distinto a todo lo que ha hecho y porque la lectura de esas anécdotas infantiles te hace sumirte en una especie de flash back generacional. Son recuerdos ajenos, sí, pero llegas a sentir una especie de complicidad porque cuando eres un crío todos tendemos a ver nuestro alrededor bajo el mismo prisma (al menos, los niños de antes). Lo que no me ha gustado es la plomiza introducción de Rubén Lardín y lo breve, tremendamente breve, que resulta leértelo para el precio que tiene.